Con orígenes que se remontan al siglo XIII, esta iglesia es mucho más que un lugar de culto: es un auténtico hito histórico y artístico.
Identificada desde 1229 como Sanctus Michael de Soza, la iglesia alberga siglos de recuerdos, ya que ha sido escenario de dos importantes patronatos: primero el de la Orden de Rocamador, establecida por el rey Sancho I, y más tarde el de la Orden de Santiago, gracias a una donación de Alfonso V. Esta conexión con las grandes órdenes religiosas refleja la relevancia espiritual y social que Soza siempre ha tenido.
La estructura actual, resultado de sucesivas reconstrucciones, presenta vestigios del siglo XVI y conserva elementos únicos, como la imagen milagrosa de Cristo crucificado, que data de 1629, y preciosas esculturas en piedra caliza policromada, entre las que se encuentran dos imágenes de Nuestra Señora de Rocamador y una de Santa Lucía. El retablo dorado, instalado en 1747, y la imagen del arcángel San Miguel en arcilla policromada son ejemplos de la riqueza artística que se encuentra aquí.
En el exterior, destaca el crucero manierista de Charola, que data de 1659, una obra única que encierra historias y leyendas, como la de la curación milagrosa de María Tomé. Esta cruz es un lugar de contemplación y devoción, que complementa la belleza del conjunto arquitectónico.
Hoy en día, la iglesia parroquial de Soza sigue siendo un espacio vivo, donde se unen la tradición y la fe. Las fiestas en honor a Nuestra Señora de los Ángeles (primer domingo de septiembre) y a San Miguel (último fin de semana de septiembre) son momentos únicos para conocer la cultura y la devoción de esta comunidad.
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